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Buenos Aires, 30 de mayo 2011

CONSULADO GENERAL DEL PERU
 

Para los peruanos, votar este 5 de junio es un deber y un derecho
cívico y patriótico

Hugo Pereyra Plasencia
Cónsul General del Perú en Buenos Aires

El próximo 5 de junio, los peruanos vamos a votar en la Segunda Vuelta de las elecciones presidenciales. Me refiero, por supuesto, a todos los ciudadanos peruanos, tanto los que viven en el territorio nacional como los cientos de miles que constituyen las pujantes comunidades nacionales del exterior que mantienen un vínculo ciudadano y afectivo con su país. Quiero destacar que nuestra comunidad de la jurisdicción de Buenos Aires es la que tiene el padrón electoral más grande del mundo, porque su número supera los 83,000 electores. Hablamos de ciudadanos de pleno derecho, vinculados por residencia, trabajo y afecto a la hermana tierra argentina, pero asimismo profundamente identificados con el Perú, que se encuentran hábiles para ejercer su sagrado deber y su derecho al voto. 

Hablamos, en efecto, de un deber y de un derecho. Es un deber porque la Constitución señala que el voto es obligatorio hasta los 70 años de edad, en que se vuelve facultativo. Pero también es un derecho, que hace posible nada menos que expresar la opinión de cada ciudadano sobre un asunto crucial: la elección de aquella persona que tendrá en sus manos el timón del gobierno y las decisiones públicas más relevantes durante cinco años.

Desde este punto de vista, cualquier consideración técnica sobre  el tema de la inexistencia de una multa para aquellos peruanos que no voten en el exterior, pasa a un segundo plano. Lo importante es cumplir con el deber cívico. Lo importante es ejercer el derecho del voto porque, a fin de cuentas, aparte de cualquier consideración ciudadana y principista, de nosotros depende la decisión práctica de fijar el destino de nuestro país. Ello porque, más tarde o más temprano, este rumbo tendrá repercusiones no sólo sobre la Nación en su conjunto, sino inclusive en nuestras propias existencias como personas individuales. La pasividad en este proceso es censurable. Lo patriótico -y también lo sensato- es votar.

El 10 de abril pasado, la comunidad de la jurisdicción de Buenos Aires, de la cual yo formo parte con verdadero orgullo, dio un ejemplo notable de civismo y de participación en la Primera Vuelta. En esa ocasión, la inmensa mayoría de los más de 40,000 ciudadanos que acudieron a votar pudieron hacerlo dentro del horario establecido. Fue una auténtica fiesta democrática que admiró a los hermanos bonaerenses por su enorme concurrencia. Ella fue seguida también con atención desde nuestro país. Creo que este mismo espíritu participativo y ciudadano debe mantenerse, e incluso fortalecerse, para la Segunda Vuelta de las elecciones 2011.

Pensemos, hoy más que nunca, en el Perú.

Buenos Aires, 30 de mayo de 2011